La decoración u ornamento es claramente un elemento de composición espacial, ya sea una rebuscada o casi nula. Pero, es la definición que se le brinda a esta interface lo que hace que el espacio o el gesto arquitectónico sea distinto. Cómo respondamos a esta interface es lo que hace que que cada ser humano tenga una experiencia distinta, pero no por esto el ornamento o decoración deja de ser un elemento físico, sino que toma una definición psicológica individual. ¿Cómo esta nueva interpretación puede afectar la efectividad de un sistema de decoración y ornamento en una estructura? Cuáles hayan sido nuestras experiencias previas al momento de interactuar y reaccionar al ornamento, nos hacen tener una mirada distinta del mismo.
Las iglesias góticas, han trascendido a lo largo de la historia como una arquitectura icónica, intimidante, con techos altos, y relieves basados textos bíblicos en sus paredes. Quizás para una persona ajena a este tipo de creencias vea estos elementos visuales simplemente como una decoración u ornamento de algo ajeno a su conocimiento. Pero, quizás si una persona que cree y conoce las escrituras, interprete de manera distinta estos espacios y sea para el o ella una experiencia distinta. No obstante, el ornamento sigue estando presente en la mirada, pero son esas experiencias previas lo que hace diferente la definición que cada individuo le brinde a estos espacios. El ornamento se encuentra en la estructura, pero nuestra mirada le brinda un matiz distinto al gesto arquitectónico.
Como arquitectos, solemos pensar en cómo nuestros diseños afectan la experiencia arquitectónica. Es decir, siempre solemos buscar un punto medio entre el ornamento y la interpretación, una interpretación que para la mayoría sea agradable, y no para un sector en especifico. Es por esto que quizás arquitectos como Le Corbusier, utilizan la ausencia del ornamento, como un elemento en si de decoración, pues quizás colocar elementos referentes a una temática en especial, puede trastornar el propósito esencial de cualquier diseño espacial. Quizás para una persona que no conoce o no cree en la religión cristiana, su estancia en una iglesia sea corta, mientras que quizás para una persona que si crea y la conozca sea un lugar de meditación, y por lo tanto su estancia sea mayor.
En conclusión, la decoración u ornamento, no es un elemento dependiente de la interpretación del ser humano, sino que es un elemento físico, que embiste un estructura. Pero, son estos elementos los que influyen en la experiencia o gesto arquitectónico de en la estructura. Claramente, el ornamento es lo más cercano a lo que un arquitecto se puede aproximar a la psicología del ser humano. Es un elemento poderoso ante la mirada del humano, pero es vulnerable ante el embate de los sistemas espaciales. El ornamento se encuentra en el edificio, es un elemento visible y tangible que coacciona e interfiere con la experiencia y la interpretación humana, pero que no depende de ella para existir.
Referencias
Rudofsky, B., 1964. Architecture Without Architects. 1st ed. London: Academy.
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